Los Volcanes 2 Pág

02-05-2022 119 Visitas

El poder explosivo de un volcán es tan grande que puede producir sacudidas capaces de hacer temblar la tierra, agitar el mar y destruir ciudades situadas a muchos kilómetros de distancia.

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«¡Cayo, Cayo, ven pronto! »
Al llamado de su hermana, Cayo Plinio se dirigió a ]a terraza. Una columna de humo, parecida a un árbol gigantesco, se elevaba por encima de las colinas que ocultaban Ñapóles, y mientras se preguntaba cuál sería la causa de ese extraño fenómeno, Cayo ordenó se dispusiera lo necesario para trasladarse al lugar de la catástrofe. Allí, lluvias de ceniza oscurecían la luz del sol y formidables explosiones sacudían la tierra. De la boca amenazante del Vesubio comenzaba a brotar lava incandescente que, al descender hacia la bahía, iba cubriendo las laderas de la montaña.
Cayo Plinio murió heroicamente tratando de socorrer, sin éxito, a los habitantes amenazados. Al igual que él y animados por los mismos propósitos, perecieron millares de seres. Stabbia, Herculano y Pompeya quedaron sepultadas bajo los materiales volcánicos.
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Aspecto imaginario del interior de un volcán, durante una erupción.

Fue la primera erupción del Vesubio, ocurrida en el año 79 de nuestra era. Otras veces salió de su sueño la terrible montaña, pero felizmente su ira fue mucho menos destructiva. En aquellos tiempos la gente creía que la lava furiosa y los terremotos eran la forma en que Vulcano, Dios del Fuego, demostraba su enojo, y dicha creencia hizo que estos colosos recibieran el nombre de «volcanes». Hoy sabemos que las erupciones son fenómenos de orden natural.
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El Estrómboli, en Italia, arroja lava incandescente cada quince o veinte minutos. De noche parece un faro intermitente.

El volcán es en realidad una fractura de la corteza terrestre (litosfera), que permite que las capas muy profundas de la Tierra se comuniquen con la superficie. Nadie ha podido explorar los abismos de un volcán en actividad; pero gracias a estudios realizados en volcanes apagados, podemos decir que todos ellos presentan un «cono» formado por la acumulación de materiales arrojados, un «cráter» en forma de gran embudo y una «chimenea» por la que suben las materias minerales en fusión.
El poder explosivo de un volcán es tan grande que puede producir sacudidas capaces de hacer temblar la tierra, agitar el mar y destruir ciudades situadas a muchos kilómetros de distancia. Los signos precursores de una erupción volcánica son los ruidos subterráneos y la formación de grietas en el suelo.
Se produce luego una explosión, seguida por la salida de una llamarada ardiente; caen cenizas y piedras y, finalmente, la lava incandescente brota del cráter, pronta a carbonizar y destruir todo cuanto se le interponga.
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La erupción del Vesubio en el año 79 de nuestra era fue acompañada de violentos terremotos. En pocos días Stabbia, Herculano y Pompeya quedaron sepultadas por la lava y la ceniza ardiente. En las excavaciones se encontraron muchos habitantes en la actitud en que fueron sorprendidos por una muerte instantánea.

Así desahogada la montaña, vuelve la calma. Como si un gigante moribundo expirara, el volcán lanza bocanadas de gases ardientes cada vez menos intensas y por fin se apaga.
El Etna, que es el mayor volcán europeo actualmente en actividad (3.313 metros de altura), ofrece características muy particulares. Su cono principal, por ejemplo, se hundió en varias oportunidades, volviendo a formarse cada vez. Puede ocurrir también que sobre las laderas del volcán se abran grietas: se forman entonces bocas más pequeñas que se llaman «cráteres adventicios». Los abiertos en la cima se denominan «cráteres centrales».
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En 1902 una formidable erupción del Monte Pelado destruyó San Pedro de la Martinica. En menos de un minuto perecieron cuarenta mil personas.

Hay en el mundo alrededor de 300 volcanes en actividad; la mayoría se encuentra en Japón, Borneo y en muchas islas del Pacífico. Su forma común es la de una montaña trunca: tal es el aspecto del Etna y del Vesubio.
El número de volcanes apagados es también muy grande, y en muchos casos sus cráteres se llenan de agua, formándose así lagos extensos y profundos. Un volcán próximo a extinguirse se parece a una azufrera.

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